En los documentos marco del CELATS[1] podemos apreciar, los sentidos transformadores del Trabajo Social: a)” liderar políticas sociales, comprometidas con el cambio social”; b) “ser un instrumento técnico y social para dar voz y protagonismo a los propios sectores populares organizados, para que asuman la vigilancia social de las políticas públicas en el Perú y AL”.

Entendemos por esas afirmaciones, que el CELATS se ubica en una perspectiva crítica del trabajo social en la medida que: a) reconoce el carácter político de la profesión, b) el rol que cumple el trabajador social en la sociedad; c) la relación de horizontalidad con los actores sociales d) y el rol protagónico de los actores sociales organizados en la construcción de procesos de cambio.

En ese sentido, es un imperativo repensar nuestra profesión, en medio de una realidad nacional que nos desafía, y que se caracteriza por; una crisis de régimen político que se fundamenta en la corrupción; una economía basada en el extractivismo que, vulnera la vida de las personas, comunidades y nuestros territorios; la violencia cotidiana, de género, y la arremetida conservadora, basadas en una trenza del poder que liga capitalismo, patriarcado, y racismo, vulnerando así los legítimos derechos a una vida digna, justa, democrática, libre de discriminaciones y exclusiones.

Si el Trabajo Social se caracteriza por su relacionamiento con la población para enfrentar de manera creativa estos duros contextos, así como el desarrollo de políticas públicas en favor de una sociedad más justa, es indudable que el pensamiento y la acción crítica, base de la Educación Popular, constituye un aporte para repensar en “otra sociedad posible”.

¿Cuáles son los núcleos de la Educación Popular?

Los núcleos fundamentales de la Educación Popular (EP), están relacionados a la ética, a la política, a la pedagogía como aporte a la construcción de sociedades humanas.

a) En lo ético:

Somos conscientes de la manera tan inhumana como se vulneran los derechos políticos, sociales, culturales, económicos, de millones de personas, así como los de nuestra madre tierra. Es decir, se nos quiere imponer un tipo de ética, la del mercado, la competencia, el egoísmo, el abuso, el autoritarismo, la mentira, la violencia, etc.

En ese sentido Freire nos habla de otro tipo de ética, y nos plantea lo siguiente:

“La ética de que hablo no es una ética menor, restrictiva, del mercado, que se inclina obediente a los intereses del lucro. En el nivel internacional comienza a aparecer una tendencia a aceptar los reflejos cruciales del “nuevo orden mundial” como naturales e inevitables. (…) No hablo, obviamente, de esta ética. Hablo, por el contrario, de la ética universal del ser humano…

La ética de que hablo es la que se sabe afrontada por la manifestación discriminatoria de raza, género, clase. Es por esa ética inseparable de la práctica educativa, no importa si trabajamos con niños, jóvenes o adultos, por la que debemos luchar. Y la mejor manera de luchar por ella es vivirla en nuestra práctica, testimoniarla con energía, a los educandos en nuestras relaciones con ellos” [2]

Sin lugar a dudas este planteamiento de Freire ante la ética, remueve nuestra manera de pensar, hacer y sentir la profesión, y nos plantea también, la importancia de apostar por la pedagogía de la esperanza, expresando creativamente la indignación que sentimos frente a la injustica, la discriminación, y que se convierta en lucha y fuerza propositiva por una sociedad mejor.

Implicará analizar permanentemente la visión del CELATS y su acción social transformadora, así como, la necesaria articulación no sólo con sus afiliadas ya sea nacionales o internacionales, sino alianzas con diversos tipos de movimientos sociales que pugnan por la transformación social.

b) En lo político la EP plantea lo siguiente:

El empoderamiento de los actores sociales para participar, saber, trabajar, innovar, producir, organizarse para que construyan sus perceptivas de cambio personal y social como ciudadanos plenos de derechos. Porque la EP es una educación que lleva a la toma de conciencia, y al protagonismo social y político, que aporta al desarrollo de una ciudadanía crítica.

En las prácticas de trabajo social realizada con diversos actores, y en diversos espacios, ya sean en zonas urbanas o rurales, hemos tomado conciencia que la acción política puede y debe realizarse en los espacios comunitarios, en las asambleas, en los debates, en la acción pública, en la transformación de políticas públicas, en las redes sociales. Sabemos que la política no es exclusiva de los partidos políticos, ni tampoco del Estado.

Implicará en todos los casos desarrollar procesos que lleven a las personas y grupos a desarrollar su capacidad de decisión, su participación ciudadana, su formación crítica, el conocimiento y ejercicio de los deberes y derechos, su vivencia de valores, su capacidad para discernir entre lo que humaniza y deshumaniza, su capacidad propositiva, su capacidad para organizarse, su capacidad de construir un mundo mejor.

En este proceso, el dialogo de saberes es sustantivo. Ishizawa[3] nos plantea que:

“Aquí el diálogo de saberes se entiende como “la relación mutuamente enriquecedora entre personas y culturas, puestas en colaboración por un destino compartido. La relación es constituida por personas de culturas diversas vinculadas en el contexto del complejo de actividades / comportamientos / motivaciones denominado educación intercultural para el desarrollo sostenible”.

En tales sentidos, la Educación Popular plantea el reto de lo político, pensado desde la formación política de los/as actores sociales.

Así también, la EP se ubica en el campo de las transformaciones estructurales, políticas y económicas, a los modelos de desarrollo, al marco jurídico, y supone también el desarrollo de políticas públicas, normativas, financiamiento que atienda los derechos económicos, culturales y ambientales, políticas orientadas a la visibilización e todos los derechos humanos orientados a políticas de bien común que aseguren cambios sociales, para la vivencia de la democracia participativa, al logro de ejercicio de los derechos humanos como ciudadanos interculturales.

c) La EP y lo pedagógico:

Se basa en la concepción que todos nos educamos juntos, y se asume una pedagogía del diálogo, con una actitud democrática, cooperativa y solidaria, que parte de la experiencia de los actores sociales, que fomenta la criticidad y la opinión propia con pertinencia a la edad, género, la cultura y condición social.

Paulo Freire afirmaba que es una pedagogía no bancaria, no es para la repetición, sino para comprender y escribir la propia historia personal y colectiva en diversidad y dignidad.

Se enriquece con los enfoques de género, etnia, generacional, de derechos humanos, educación intercultural, el desarrollo sustentable, así como del enfoque denominado “Buen vivir”, que entiende al ser humano en íntima relación con la naturaleza y rompe con la concepción homocéntrica para pasar a una concepción biocéntrica.

Marco Raúl Mejía, educador colombiano, señala que[4], en el pensamiento freireano es muy fuerte la presencia de una consciencia crítica que forjada desde la autonomía da lugar a la educación liberadora y a las formas organizadas para llevar a cabo la incorporación de los sujetos a la lucha y los movimientos derivados de ella.

El mismo autor nos dice, que la educación popular ha venido desarrollándose en seis grandes ámbitos: la individuación, los procesos de socialización, la vinculación a lo público, la vinculación a organizaciones y movimientos, la participación en los gobiernos, y lo masivo siendo lo sustantivo el diálogo de saberes, la confrontación de saberes y conocimientos y la negociación cultural, y allí la persona educadora popular, en coherencia con sus concepciones –que son variadas– hace la elección de sus dispositivos y rutas metodológicas para hacer posibles los resultados buscados en la actividad educativa que se desarrolla.

Desde la pedagogía se trata de aportar a la construcción de proyectos, contribuir a la construcción de subjetividades rebeldes, transformadas y transformadoras del mundo, del control y poder que les tocó vivir. Supone una metodología para la apropiación de la palabra, la organización, y el buen trabajo personal, colectivo, y contribuir a cambios a diversos niveles locales, regionales, internacionales y fortalecer el sentido contestatario, alternativo de la EP que dará sentido a la educación en general y a la forma de vida en nuestras sociedades.

El pensamiento crítico, del que es parte la Educación Popular, desafía nuestras concepciones y prácticas, nuestra manera de ser, relacionarnos, y estar en el mundo. Por lo que, siendo coherentes desde una perspectiva crítica, debemos asumir la posibilidad de construir el mundo que queremos, donde el bien común, la justicia, la solidaridad, la democracia, el respeto entre unos y otros, estén en el centro de un proyecto de humanidad que alcance a todos y a todas.

“No entiendo la existencia humana y la necesaria lucha por mejorarla sin la esperanza y sin un sueño”. Paulo Freire.

[1] https://www.celats.org/institucion/vision-y-mision

[2] Pedagogía de la autonomía. Sao Paulo. 1996..

[3] Jorge Ishizawa, en “Diálogo de Saberes. Una aproximación epistemológica”. PRATEC - Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas. Mayo 2012.

[4] La Piragua N°38. Revista Latinoamericana y Caribeña de Educación y Política. Octubre2013 CEAAL.

Nélida Céspedes RosselEducadora popular peruana. Es presidenta honoraria del Consejo de Educación Popular de América Latina, y del Grupo de Incidencia en Política Educativa del CEAAL (GIPE). Coordina el Colectivo por una EPJA Transformadora; miembro del Colectivo Aportes en Educación. Asociada de Tarea, Asociación de Publicaciones Educativas (Perú). Miembro del Comité Editorial de la Revista Piragua del CEAAL; de Educación y Cultura de Tarea, y de la Revista Decisio del CREFAL (México). Autora de diversas publicaciones nacionales e internacionales.