Resumen

El presente artículo hace alusión a las formas como las mujeres afrodescendientes de la red Kambirí han construido territorialidad en una ciudad como Medellín que presenta altos niveles de desigualdad, discriminación y violencia. Sin embargo, se destacan las estrategias políticas y culturales que estas mujeres cotidianamente generan para re-existir en este territorio.

Palabras Claves: territorio, mujeres afros, resistencia, re-existencia.

Medellín: ¿ciudad moderna, desarrollada e innovadora?

Medellín es la capital del departamento de Antioquia-Colombia, es la segunda ciudad más grande del país, fundada en 1616, tiene alrededor de 2.5 millones de habitantes. La modernidad y el desarrollo son los proyectos centrales de este centro urbano, cuenta con sistemas de transporte avanzados como el metro, grandes centros de negocios y empresariales, importantes sectores industriales, educativos y turísticos.

Sin embargo, Medellín es un espacio social atravesado por características contradictorias, por un lado, un proyecto urbano que pretende configurarse como ciudad global, metrópoli, polo empresarial, centro turístico y comercial, centro de desarrollo urbano y principal eje de la innovación; y, por otro lado, una ciudad en la que perviven las dinámicas de migración, violencia, empobrecimiento y exclusión.

Son diferentes los motivos por los que muchas personas llegamos a esta ciudad. La búsqueda de oportunidades de empleo, de estudio, de “progreso” o en la mayoría de los casos por una guerra que atraviesa a este país y que día tras día deja a su paso la muerte o el desplazamiento forzado de quienes sufren sus efectos.

El conflicto armado y el “sistema de muerte” capitalista que ha privilegiado el capital por encima de la vida, a través de la explotación de la tierra por parte de grandes empresas y proyectos nacionales e internacionales de extracción de petróleo, de gas, de carbón, de plantaciones de palma para biocombustibles, de monocultivos, el narcotráfico, la violencia política, entre otros, han generado una progresiva desterritorialización de la población en Colombia.

En consecuencia, Medellín es uno de los principales centros de recepción de población en situación de desplazamiento forzado y de desalojo intraurbano. En esta ciudad se registra altas tasas de desempleo, economía informal, agudización de la pobreza y desigualdades. Lo anterior se concreta en una ciudad en la que coexisten múltiples territorialidades, diversidad de actores, culturas y contrastantes de condiciones socioeconómicas.

Esta ciudad está atravesada por diferentes formas de violencia, de la mano de un estado mafioso se expande el sicariato, el narcotráfico, la prostitución, la trata de personas, la conformación de bandas criminales. Como lo describe Rita Segato la informalidad de la guerra “en las ciudades latinoamericanas, diseña escenarios bélicos difusos y en franca expansión, vinculados estrechamente a la informalización de la economía y al aumento vertiginoso del capital no declarado” (2014, 44).

Además, la presencia y pervivencia de diferentes culturas en esta ciudad ha sido históricamente encubierta. Se ha ocultado la diversidad social y se han privilegiado el modelo blanco-eurocéntrico, lo que hace de Medellín una ciudad profundamente “blanqueada” que niega, invisibiliza y excluye toda forma de vida diferente que no esté en concordancia con el proyecto hegemónico dominante y moderno.

Lo anterior, se expresa en una ciudad en la que converge el racismo, la violencia epistémica, la violencia de género, la xenofobia, la homofobia, la inequidad y la exclusión. Es decir, esta ciudad es un espacio social atravesado por el poder en el que se produce y reproduce múltiples y simultaneas formas de opresión, como lo menciona Sofia Zaragocín, el espacio como “la simultaneidad donde ocurre la vida, que conecta varias relaciones sociales y de poder a la vez. El espacio y la multiplicidad se co-constituyen. (2016, 44).

Mi experiencia en Medellín: reconocerme en el dolor y la lucha de “otros y otras”

La mayor parte de mi vida la he vivido en Medellín, he podido percibir una ciudad y una sociedad que niega la diferencia de forma casi absoluta, porque se pretende encajar en un modelo de vida moderno y dejar atrás todos los rastros de “atraso e incivilización”. Igualmente, he experimentado una ciudad sexista donde la violencia contra nosotras las mujeres se expresa en lo íntimo de cada familia, en la cotidianidad y en lo público, un espacio en la que cada vez sentimos más miedo y somos vulnerables: al tomar el transporte público, al caminar solas por las calles, al salir a espacios de diversión, al entablar relaciones de pareja, al poder masculino en nuestros lugares de trabajo y de estudio. Como lo expresa Anna Ortiz Guitart “la violencia urbana, con sus múltiples caras, es quizás uno de los temores que más comparten todas las mujeres, sea cual sea su identidad” (2007, 18).

Por mis estudios y profesión he tenido la oportunidad de ver, acercarme y conocer otras realidades, otras ciudades que habitan en el mismo territorio llamado Medellín. Por ejemplo, en esta ciudad existen más de cinco cabildos indígenas, varias organizaciones de afrocolombianos, y de campesinos, que configuran, adaptan y recrean su modo de vida, en disputa con el modelo hegemónico de la ciudad y van construyendo múltiples territorialidades en este espacio que pretende negarlos y/o visibilizarlos de manera folclórica.

En días pasados, escuche las palabras de una mujer Nasa, pueblo indígena del sur de Colombia, en el cual se han gestado importantes luchas por la pervivencia, la vida y el territorio de esta comunidad. Ella, Vilma Almendra, decía sobre la importancia de tejer redes para trabajar y luchar contra las diferentes y simultaneas formas de opresión, además, hablaba de la importancia de reconocernos en el dolor de los otros para poder trabajar juntos desde diferentes lugares, pero con objetivos comunes: la defensa de la vida.

A lo que quiero llegar con esto, es que personalmente al ir reconociendo otras formas de vida no hegemónicas dentro de mi ciudad y mi territorio Medellín, fui desarrollando unos vínculos y solidaridades con algunas organizaciones que luchaban por “seguir siendo”, seguir viviendo y seguir re-existiendo. De esta manera, pude ir sintiendo y reflexionando cuales eran esos dolores y luchas en los que me reconocía y me unían con mi territorio, como lo mencionaba la compañera Nasa.

Reconocer que las lógicas del ámbito urbano y la modernidad son perversas y devienen en opresión, dominación, exclusión, discriminación y violencia para quienes no están dentro del modelo de vida y de poder hegemónico, se ha convertido en un reto y compromiso político-ético que desde mi acción y reflexión espero contribuir a la trasformación de dichas situaciones.

Las resistencias y re-existencias de las mujeres de la red afrocolombiana Kambirí

Según lo mencionado anteriormente, hablaré un poco del caso de las mujeres afros de la red Kambiri. Organización que nace en el año 2000 en Colombia a partir de la necesidad de crear un espacio para trabajar sobre los problemas específicos de las mujeres afro con una apuesta política orientada a la reivindicación de papel de la mujer afrocolombiana y sus derechos en un contexto nacional y local:

Somos una asociación de mujeres Afrocolombianas, distribuidas a lo largo y ancho del país, que buscamos espacios equitativos de participación y desarrollo étnico integral. Propiciamos oportunidades de formación, de afianzamiento cultural - ancestral, de fomento del liderazgo y del desarrollo social y económico. Actualmente a nivel nacional se cuenta con nueve comités locales en los departamentos del Chocó, Valle del Cauca, Bolívar y Antioquia[1].

Conocí esta red por una de sus líderes con la cual tuve la oportunidad de trabajar, Deyanira Valdez una mujer que ha dedicado su vida al trabajo comunitario con la población afrocolombiana que habita en la ciudad. Esta mujer reconoce la importancia de “tejer redes” con otras mujeres, académicas, activistas políticas, luchadoras y subvertoras del sistema que nos domina. Como lo expresa Lorena Cabnal “la importancia de tejer pensamientos con otras mujeres (…) porque nos conviene a todas, propiciar espacios y encuentros para reflexionarnos, para atrevernos a hacer desmontajes y para construir en colecti­vidad transgresiones y propuestas para una nueva vida” (2010, 25).

Estas mujeres, portadoras y guardianas de la vida y la cultura negra confrontan las múltiples violencias a las que han sido sometidas a través de las juntanzas, la solidaridad, la creación de vínculos, del “acuerparnos”, como estrategias para re-existir, organizarse y crear identidad y cultura en la ciudad. Ellas han ido desarrollando una serie de acciones a partir de la sus saberes y prácticas culturales y políticas las cuales han sido trasladadas y adaptadas al espacio urbano. A través de los procesos y construcciones culturales que realizan las mujeres de la red Kambirí en la ciudad de Medellín se puede evidenciar como ellas subvierten las lógicas y dispositivos espaciales que las excluyen.

A partir de dichas relaciones y de la conexión de estas mujeres con el territorio se construye la territorialidad, entendida esta como el grado de apropiación que tiene un grupo social sobre el lugar que habita, la cual es desarrollada por medio de prácticas simbólicas y culturales, que permiten desplegar relaciones de afectividad con el territorio que habitan. A su vez, la territorialidad representa el espacio de las relaciones, de los sentidos y del sentimiento de pertenecer a un lugar.

La territorialidad genera autonomía, la cual permite desplegar la capacidad organizativa, a través de la cual estas mujeres han creado estrategias propias y se han articulado para resolver sus necesidades y configurar y defender un territorio propio en la ciudad.

Lo anterior, refleja los procesos de organización y gestión de las comunidades para la lucha y defensa del espacio que habitan, una lucha que manifiesta el arraigo y sentido de pertenencia por el lugar donde han construido su identidad, tejido sus relaciones con los demás y con el entorno, a partir de la recreación de su cultura, saberes ancestrales, prácticas cotidianas, que les han permitido seguir viviendo, pervivir, resistir y re-existir.

En este sentido, los alcances que se han descrito anteriormente son la manifestación del potencial intelectual y creativo que ha emergido dentro de la red Kambirí en la ciudad de Medellín, los cuales han logrado, “dignificar su dimensión integral de humanidad y vida, a través de diferentes rutas y búsquedas, rebasando de hecho los límites de la negación y el borramiento de su agencia, desplegados por el aparato colonial tanto en la cotidianidad como en forma estructural” (Arboleda 2011, 12).

No es posible entender el territorio sin la presencia de los grupos humanos que allí habitan, es por esto que se debe centrar el análisis y la reflexión alrededor de las dinámicas históricas, económicas, sociales y culturales, las formas como opera el poder, y las formas de apropiación y organización de los espacios. Así mismo, a partir de las formas de representación y recreación de prácticas y saberes que van construyendo identidad en un espacio. Lo anterior posibilita comprender el territorio de manera integral, con el fin leer críticamente la realidad de quienes lo habitan y lo viven.

Bibliografía

Arboleda, Santiago. Le han florecido nuevas estrellas al cielo: suficiencias íntimas y clandestinización del pensamiento afrocolombiano. Tesis doctoral, Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, 2011.

Cabnal, Lorena. «Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala.» Feminismos diversos: el feminismo comunitario , 2010: 10-25.

Guitart, Anna Ortiz. «Hacia una ciudad no sexista.» Territorios, 2007: 11-28.

Segato, Rita Laura. Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. Puebla: Pez en el árbol, 2014.

Zaragocín, Sofía. «Interseccionalidad constituida en el espacio.» Boletina No. 5. Escuela de estudios de género Universidad Nacional de Colombia, 2016: 40-49.

[1] La información sobre la Red Afrocolombiana “Kambirí” fue otorgada por Deyanira Valdez directora de la red en la ciudad de Medellín.

Erika Paulina Uribe Cardona Trabajadora Social de la Universidad de Antioquia (Medellín-Colombia). Futura Magister en Estudios de la Cultura Universidad Andina Simón Bolívar (Quito-Ecuador). Docente e Investigadora del grupo de Estudios Interculturales y Decoloniales de la Universidad de Antioquia. Mujer comprometida con las luchas y re-existencias de los pueblos originarios, Afros y campesinos y las organizaciones de mujeres de la ciudad de Medellín