Este ensayo avanzará en la discusión acerca de los mandatos normativos que legamos en la formación de los trabajadores sociales y propondrá discutirlos de acuerdo a algunas de las demandas de etapa, en el marco de las cuales nuestros imperativos parecen hacer ruido o representar un lastre más que una herramienta política.

La pregunta que intentaremos desplegar es si el ideal normativo de “sujeto a emanciparse” sigue siendo válida, sigue siendo operativa, y, si esta idea no estuviera, cuáles serían los soportes de una intervención que no caiga ni en los ilusión (o pesadilla) de la restauración del orden, ni en el camino de un relativismo vinculado a la satisfacción de necesidades como servicio.

Para esto rastrearemos lecturas sobre la idea de sujeto, nos vincularemos con las lecturas que han sido influyentes en el trabajo social, especialmente la de Paulo Freire y las críticas a esta concepción, para finalmente relacionar esta búsqueda de sujeto en las lecturas de los trabajadores sociales actuales

Dos relatos que dispararon estas reflexiones

Estos dos relatos de colegas han logrado disparar en mi estas reflexiones y búsquedas. Por supuesto que no responsabilizo en absoluto a las colegas que comentaron estas cuestiones sobre las ideas que me despertaron sus lúcidas observaciones.

El primero de estos relatos es el de un encuentro entre un grupo de colegas que intentando encuadras sus intervenciones desde la perspectiva de derechos se interrogaban sobre las dificultades para que los sujetos destinatarios de las acciones se asuman como sujetos de derechos y dejen de entender como ayudas a las prestaciones que reciben. En el marco de la charla surge la pregunta acerca de cuál sería la utilidad para el sujeto, en este caso mujeres en situación de pobreza, de asumir que la prestación que efectivamente recibían representa un derecho y no una ayuda. Ante esto las colegas argumentaban que admitir o definir la prestación como derecho colocaba en un lugar mayor de dignidad y que dotaba de una idea crítica que iba a mejorar las posibilidades de demanda ante nuevas situaciones. Asumirse sujetos de derecho aparecería así como un práctica autoreflexiva que dejaba al sujeto con mayores posibilidades de acción. Cuando nos preguntábamos si esto era efectivamente así, nos aparecían dudas.

El segundo de estos relatos surge en el marco de unas Jornadas de Sociología en la Universidad de Buenos Aires donde un equipo de investigación recuperaba una experiencia de intervención con jóvenes en la cual, a pesar de la insistencia de los colegas en generar espacios asamblearios y de circulación de la palabra y los jóvenes se negaban a tomar la palabra, que era para los trabajadores un elemento fundamental en su trabajo en tanto esto suponía avanzar en el protagonismo de estos jóvenes. Relataban que también surgían cuestiones que eran difíciles de encuadrar en la propuesta del equipo, como por ejemplo, que cuando tenían posibilidad de realizar algunas inversiones comunitarias las jóvenes proponían actividades recreativas, incluso vinculadas a tratamientos de belleza, etc. Que contrastaban sensiblemente con la búsqueda de trabajo del equipo.

Estas dos situaciones, o por lo menos la reminiscencia que me han gene rado, me han motivado para pensar en revisar la idea de los esperables de la idea de sujeto que compartimos y que legamos a nuestros jóvenes estudiantes.

Los mandatos sobre el sujeto

La forma privilegiada de nombrar a los individuos con los cuales interactuamos es la de sujetos.

La discusión acerca del cambio del “objeto” a la idea de sujeto de intervención es potente en tanto descosifica y coloca en un lugar de respeto o de relación dialógica, deja en un lugar de posible paridad al trabajador social con los otros. Frente a la tendencia a la cosificación o a la clasificación de las personas la idea de sujeto recupera la idea integral y reaparece la idea de potencia, de un “otro” respetado y con posibilidades de acción.

Sin embargo, cabría dudar acerca de la inocuidad de la idea de sujeto. Preguntarnos acerca de que otras cuestiones aparecen alrededor de esta noción. Para esto puede resultar interesante o polémica la idea planteada por Danilo Martuccelli (2011) en la cual la idea de sujeto aparece dentro de las formas de estudio de los individuos como idea de sujeto a emanciparse. Plantea que el sujeto es una imagen normativa que cuenta entre sus atributos la de construirse como soberanos, sostenido interiormente. La idea de ciudadano está cercana a la de ciudadano republicano, ciudadano moderno.

El sujeto en el trabajo social – la necesidad de modificar al otro

Los imperativos para modificar al sujeto tienen nuestro entender dos momentos clásicos en la formación del trabajo social Latinoamericano: el desarrollismo y los aportes críticos o liberacionistas.

En el marco del desarrollismo la idea de Promoción social que hemos presentado en estudios anteriores (Arias:2012) sintetizaba con claridad la búsqueda de superación de la situación de atraso y tenía en la mutación cultural una de sus principales búsquedas. El sujeto debía transformar su ethos cultural, debía “despegar psicológicamente” y para esto el acompañamiento del trabajador social era fundamental.

Sin embargo, la forma de pensar la transformación que sigue teniendo más preponderancia, sobre todo en las áreas de formación, es la idea que en el marco de la reconceptualización y a partir de las lecturas y de las experiencias de orientación Freireanas se desarrolló sobre los sujetos. O para ser más precisos de los sujetos populares.

Intentaremos discutir con la idea Freireana de sujeto porque entendemos que allí puede identificarse con mayor claridad la propuesta normativa de sujeto emancipado, liberado en el discurso de época. También presentaremos los cuestionamientos de esta idea en el marco del mismo proceso histórico

Retomando de manera muy somera las traducciones de la lectura de Freire podemos decir que en la definición de sujeto (sujeto oprimido) se encuentra uno de los ejes fundamentales de la explicación del autor. La relación educador educando es una díada fundamental para establecer la definición de sujeto. El educador puede contribuir a una educación bancaria, colaborando de este modo a la reproducción de las condiciones de opresión depositando conocimiento en sujetos considerados pasivos o bien superar esta contradicción y promover la problematización y que por medio del aumento de la conciencia cobre autonomía y de esta manera colabore en las modificaciones de las condiciones de opresión o mejor dicho, se libere de estas condiciones. El sujeto Freireano tiene que liberarse como parte de su salida de la opresión, solo en ese movimiento se puede pensar al proceso de una educación para la liberación. Esta salida no es social, sino principalmente colectiva/política.

Cabe señalar que desde este enfoque se posibilitó la lectura de las riquezas de lo popular, las virtudes de las formas de vida popular, etc. Y se encuentra entre los lugares más interesantes y relevantes del acervo profesional

Autonomía, conciencia y transformación son parte de un mismo proceso esperable de la construcción de individuos como sujetos, en esto la intervención debe operar como proceso que construya o contribuya a que el sujeto se despliegue y transforme la realidad de opresión.

Este esperable también coloca, se construye, como ideal normativo de la intervención, La necesidad de cambio, de transformación, tan cara a la idea de necesidades sentidas vs reales en el desarrollismo, es replanteada en términos de necesidad de superación del conocimiento superficial para el acceso a la conciencia y con esta a la transformación social.

El camino en la lectura setentista necesariamente llevaba a la política y al involucramiento con las opciones que ponían en jaque las estructuras.

La superación que significó de las formas de identificación del sujeto como un individuo a ser arreglado o ajustado a las condiciones de su entorno son significativas, sin embargo no construían un sujeto neutro sino un sujeto “cargado” de un mandato histórico que se esperaba revolucionario.

Este es el sujeto frente al que el educador se para en un lugar dialógico

La discusión de Kusch con Freire

Este pensamiento profundo que ha aportado a reconocer los valores de los otros, desde el cual se recuperaban los valores de lo popular también se presentaba como un ideal superior al que presentaba el aquí y ahora del sujeto. El sujeto a desplegarse debía superar el estadio en el que se encontraba.

Estas ideas fueron discutidas en su momento por el Antropólogo Rodolfo Kusch, en una de las revistas más importantes del trabajo social reconceptualizado Argentino, la revista ECRO, extraeremos una parte de esta discusión porque sospecho que ya en el germen de una discusión que aún hoy puede aportarnos claridad en el fundamento de nuestras intervenciones.

Kusch discute los postulados del método de Freire y plantea que el mismo tiene preconceptos desarrollistas en los cuales sigue estando presente la necesidad de mutación cultural de los sectores populares. Estos preconceptos se encuentran relacionados con que la idea de desarrollo parece plantearse como idea externa, anterior al sujeto.

La crítica a la idea de la liberación por medio de la educación es un problema de imposición cultural para Kusch, en tanto no existe una educación sino distintas educaciones.

Principalmente discute con Freire la idea de transformación como un imperativo. En un texto en el que se encuentra hablando sobre campesinos pone en cuestión la idea de que la relación con la naturaleza tiene como fin de la misma transformarla. Incluso la idea de conciencia crítica aparece puesta en duda desde Kusch

Presentare algunos fragmentos representativos del artículo que nombramos en el que Kusch discute las ideas de Freire al que acusa de tener prenociones desarrollistas:

Ante todo cabe hacer notar que Paulo Freire pretende promover el desarrollo mediante la educación. Esto de por si ya es falible. No se puede educar en general. Se educa a alguien para se adapte a una comunidad y aI sentido de la realidad que es propio de ella. Hay entonces una educación propia de la cultura hopi por ejemplo y otra propia de la occidental. Y si Freire insiste en que hay que inculcar al campesino transformación de la naturaleza, el sentido de la educación que él esgrime ya no sirve ni para la cultura hopi ni par para aymara, ni para la quechua, sino sólo para nuestra cultura occidental. Es más, incluso el hermoso concepto de “educar a través de la libertad” del sujeto, es estrictamente occidental. Olvida Freire que toda educación tiene un hondo sentido local que se pone de manifiesto cuando se traspone la cultura que le corresponde” (Kusch: 72:)

Kusch plantea de manera muy sugerente que la la necesidad de este desarrollo, de esta transformación, se encuentra con mucha claridad en la necesidad de las sociedades, y especialmente en los técnicos de estas sociedades.

“Esto lleva al sospecha de que el problema del desarrollo no es sólo del campesino, sino primordialmente del ciudadano sudamericano. La urgencia de desarrollo por parte del ciudadano lleva a atribuir al campesino el papel de oveja negra del progreso de la ciudad”

Hay una clave a indagar aquí, acerca de si la necesidad de conciencia del otro, la necesidad de avance en la transformación no es justificadora del lugar, del domicilio existencial” del interviniente en palabras del propio Kusch:

“Pues ha de ser porque el mito de la trasformación canaliza de alguna manera la tremenda sensación de inseguridad en que vivimos en la ciudad sudamericana”(Kusch:1072:)

La necesidad de transformación del otro para la transformación del mundo o por lo menos de sus condiciones de injusticia como un domicilio del trabajo social genera un lugar complejo para la definición de un sujeto, porque este vuelve a quedar definido como medio para un fin que lo supera.

En la versión Freireana el proceso de toma de conciencia devendría en la liberación por medio de la acción política. Esta idea que fuera ya en su época cuestionada como evolucionista, parece pervivir como sustrato de las intervenciones en dónde la activación del sujeto aparece como un lugar deseable.

El lugar de encuentro con el otro desde un lugar dialógico no siempre es logrado cuando el sujeto no se comporta de acuerdo a lo esperado, no desea lo que debiera desear. Y cuando la situación esta se da aparece es un lugar de “vacío existencial” para nosotros intervinientes, más allá de las responsabilidades estructurales que se pueda encontrar para justificar nuestro desencuentro.

La terrible sensación de que los sujetos no cumplen, no responden muchas veces se puede justificar con la idea de la dominación cultural, de la influencia de los medios, pero a veces estas explicaciones, que portan sin duda un componente de verdad, no llegan al tranquilizarnos y sospechamos que hay uno otro “otro” que no entendemos.

Volvamos ahora sobre la particularidad la representa la lectura o la búsqueda de identificación de la idea de “derechos”. Importa sobre manera esta discusión ya que la idea de “sujeto de derechos” ha sido una de las formas predominantes de la última etapa para reemplazar nominaciones como las de beneficiario, por ejemplo, de connotada idea neoliberal. Muchas veces los sujetos no se reconocen “sujetos de derechos”, no se construyen en tanto actores, no verbalizan cómo se espera que su participación en el marco de una política, siguen usando la palabra ayuda.

Como señalábamos, parece confundirse para algunos sujetos el enfoque y no “logran” identificar que las prestaciones que reciben “son derechos”. Así, algunos colegas consideraban necesario trabajar sobre estas poblaciones a fin que “concienticen?, conceptualicen? En clave de derechos

Tener que convencer al otro que es lo legítimo, que lo que recibe lo debe recibir parece ser una idea por demás compleja ya que nos caben serias dudas sobre cuál es el lugar con mejor capacidad para identificar que es lo legítimo, ¿es el nuestro? O el imperativo sobre el qué y el cómo de su de potenciar su acción (esta idea que si identifica las prestaciones como derecho es un lugar de potencia política versus la idea de ayuda, por ejemplo) complota con la posibilidad concreta de conocer sus búsquedas, sus lugares sagrados, su domicilio en el mundo, en palabras de Freire.

¿Conocemos a nuestros sujetos? Quizá antes de volver a proponernos una forma tan preformateada de intervención sobre este otro sea un buen ejercicio metodológico listar cuáles son las expectativas de modificación de este otro y quizá si podamos develarlas podamos revisarlas de manera más críticas y efectivamente posibilitar la idea des-arrollo de aquello anudado.

Y quizá podamos pensar en cómo se generan espacios en los cuales los otros “tengan” un lugar más creativo en la construcción de la intervención, y haya espacios para otras formas de pensar la cuestión y haya otros espacios para pensar la forma de estar, y no sólo la de transformar.

Y esto no quiere decir que no sea deseable, necesaria o imperiosa la transformación social, sino que si efectivamente creemos que esta transformación requiere del protagonismo de los sectores populares, quizá la direccionalidad o el momento de la acción transformadora deba depender también de ellos.

Y los espacios para el goce y los espacios para estar tengan un lugar tan necesario que también nos posibilite otro lugar, otro domicilio existencial que sea menos forzado que conduzca a menos frustración.

Esto no implica una idea relativista, en dónde perdamos la idea de direccionalidad en la intervención sino que implica poner en duda una direccionalidad que quizá ya no se encuentre aportando un lugar de deseable para estar.

Bibliografía:

Arias, Ana (2012) Pobreza y modelos de intervención. Aportes para la superación del modelo de asistencia y promoción. Buenos Aires: Espacio Editorial.

Martuccelli, D., & De Singly, F. (2011). Las sociologías del individuo. LOM Ediciones.

Kusch. R: ”Los preconceptos que suelen acompañar a las teorías desarrollistas (análisis crítico de la metodología de Paulo Freire)”, en rev. Hoy en el trabajo social. Bs. As.. ECRO. n° 25, Dic/72; p. 47-s.

La discusión acerca del cambio del “objeto” a la idea de sujeto de intervención es potente en tanto descosifica y coloca en un lugar de respeto o de relación dialógica, deja en un lugar de posible paridad al trabajador social con los otros.

Dra. Ana Josefina Árias
Trabajadora Social, Magister en Políticas Sociales y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. ES titular Regular en la Asignatura Trabajo Social Institucional (UNLP) e Adjunta regular de la materia Problemas Sociales Argentinos de la (UBA). Dicta cursos en posgrados en la Universidad Nacional de Cuyo, en la Universidad Nacional de San Juan, en la Universidad Nacional de Mar del Plata, en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires.
Dirige e integra proyectos de investigación sobre temáticas relacionadas con Intervención Social, Instituciones y Pobreza.
Entre sus últimas publicaciones se encuentran los siguientes libros realizados en coautoría:
- Estudios sobre la estructura social de la Argentina Contemporánea. (2017) Buenos Aires: CLACSO_-CODESOC-PISAC.
- Instituciones y territorio: reflexiones en la última década. (2015) Buenos Aires: Espacio Editorial.
- Debates en torno a la construcción de Institucionalidad. Aportes para la reconstrucción de lo público. (2014) Espacio Editorial.