América Latina es la región más desigual del mundo.

La directora de la División de Desarrollo Social de la CEPAL, Laís Abramo, sostuvo que a pesar de los avances que se realizaron a nivel regional, durante los primeros quince años del Siglo XXI, en términos de desigualdad, aun Latinoamérica sigue siendo la peor región a nivel mundial. Añade: “Si todos los países de la región están comprometidos con el cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, es fundamental avanzar no solo en la superación de la pobreza sino también de la extrema concentración de la riqueza. La concentración de los activos, es decir, de la propiedad, tanto financiera como no financiera, es mucho más severa y mucho más permanente que la concentración de los ingresos corrientes de las personas”. http://www.eleconomista.com.ar/2017-06-america-latina-brechas Y este dato objetivos hay que cruzarlo con la información de los procesos de corrupción que corroe la institucionalidad democrática en la mayoría de los países de América Latina.

El Trabajo Social, actua con las poblaciones que sufren los efectos de esta desigualdad; son los niños que están sufriendo hambre, desnutrición, anemia; son las madres adolescentes que se sumergen en un nuevo ciclo de la pobreza, es la violencia de género basada en los estereotipos machistas y en la naturalización de la violencia contra la mujer, es el feminicidio que ha llegado a cifras alarmantes, son los niños y niñas que han sufrido abuso sexual y maltrato, son los adultos mayores que sobreviven sin medios para una vejez digna, son las poblaciones rurales e indígenas que ven amenazadas sus vidas y la salud de sus territorios por la contaminación producida por los megas proyectos mineros, viales, madereros, y los proyectos de producción extensiva para la agro exportación; son los hombre y mujeres víctimas de la trata de personas, son los jóvenes hombres y mujeres sin empleo que no tienen mayores expectativas de alcanzar un puesto de trabajo bien remunerado y que solo les queda “recursearse”, entrar al subempleo, y a inventar formas llamadas “emprendurismo” que muchas veces levanta el éxito de unos pocos y esconde la gran masa de jóvenes sin proyectos de vida sana y productiva; que es el caldo de cultivo de conductas irregulares, que se deslizan fácilmente a diversas formas de delincuencia social.

El ejercicio de nuestra profesión es un desafío permanente para actuar con efectividad, ética y calidez con las personas y comunidades a quienes damos un servicio. En los puesto de trabajo que ocupamos las Trabajadoras Sociales, en programas asistenciales en los servicios de salud públicas, en programas educativos y de atención a la familia; en programas de atención a poblaciones vulnerables (niños/as, mujeres y adultos mayores); en servicios especializados en dependencias policiales, y del poder judicial, en los servicios municipales de atención a los adultos mayores y a personas con discapacidad en los gobiernos locales y regionales; en programas de emergencia y reconstrucción con poblaciones que han sido desplazadas y reubicadas de manera provisional; en los programas sociales con personas privadas de su libertad; en el sector laboral privado, en la planificación del desarrollo local y regional, en los equipos de trabajo interdisciplinarios que elaboran proyectos y nuevas propuestas de políticas públicas; en todos esos campos estamos en el lado de quienes ven afectados sus derechos, pero no de modo paternalista, sino con un enfoque de respeto a sus derechos y a su condición de ciudadanos y ciudadanas.

Elsi Bravo Castillo Vda. de Wiener. Responsable del proyecto lanzamiento de la revista. Consultora de Celats.