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Resumen

La investigación tuvo como objetivo conocer si los hijos expuestos a la violencia de género que sobrellevan sus madres en sus relaciones de pareja estaban vinculadas a los deseos y aspiraciones de estos adolescentes, para ello se aplicó como técnicas la entrevista en profundidad, la encuesta y la autobiografía. La muestra para la encuesta fue de 55 adolescentes de 13 a 16 años, de los cuales se tomó a 8 adolescentes para las entrevistas y autobiografías. Los resultados fueron procesados mediante el software Atlas Ti llegando a la conclusión de que la exposición de los hijos a la violencia de género en sus hogares ha afectado los sentimientos, el significado de paternidad y las relaciones de género.

Abstract

The objective of the research was to find out if the children exposed to gender violence that their mothers endure in their relationships were linked to the wishes and aspirations of these young people. To do this, the in-depth interview, the survey and the autobiography. The sample for the survey was 55 adolescents from 13 to 16 years old, of whom 8 adolescents were taken for the interviews and autobiography. The results were processed using the Atlas Ti software, concluding that the exposure of children to gender-based violence in their homes has affected feelings, the meaning of parenthood and gender relations.

Introducción

Los hijos e hijas de mujeres maltratadas que crecen en un entorno de violencia de género se ven afectados física y emocionalmente, puesto que la familia deja de ser un lugar en el que se ofrece amor, protección, seguridad y fortaleza. Los roles que deberían desempeñar el padre y la madre no son saludables, pues el hombre (padre, pareja, compañero sentimental o expareja) se convierte en agresor de la mujer, cometiendo actos de violencia y atentando contra el bienestar y sentido de seguridad de la familia.

Los actos de violencia surgen del desequilibrio de poder y ejercicio de autoridad del más fuerte hacia el más débil, donde los niños, mujeres y ancianos se ven en desventaja y vulnerabilidad, a

causa de una condición de dependencia, concepción histórica de inequidad y desigualdad entre varones y mujeres.

Según Benavente y Valdés (2014) la violencia hacia la mujer o violencia de género es entendida como toda acción u omisión que atenta contra el bienestar, la integridad física, psicológica, la libertad y el desarrollo pleno de la mujer. Se manifiesta en violencia física, psicológica, sexual, social y económica, exteriorizados a través de comportamientos, actitudes, verbalizaciones violentas que se sostiene en un patrón de interrelación de dominio del hombre y subordinación de la mujer.

Exposición de los hijos a la violencia de género

De acuerdo con Wolak y Finkelhor (1998) se produce cuando ven o escuchan las manifestaciones violentas entre sus padres. Los hijos no son simples espectadores, son parte de un ciclo de violencia, viviendo en un clima de sobresalto, terror y temor producto de la violencia de género. Para Holden (2003) los y las hijas que padecen de violencia familiar manifiestan sus efectos en su taxonomía, concepción y alejamiento del adulto maltratado. Además, se sostiene que existen formas y consecuencias de violencia de género, las cuales son:

  1. Exposición prenatal: el niño sufre de violencia desde el vientre materno con acciones como golpes en el vientre, impedimento a la madre de asistir a sus controles médicos o esconder las medicinas que necesita. Este tipo de acciones si bien produce daño físico también es una interposición traumática con el vínculo emocional de madre e hijo(a) después del nacimiento.
  2. Intervención: el hijo(a) puede alejarse de la situación o intervenir para defender al agredido, exponiéndose a ser violentado. Cuando el hijo es más grande y cuenta con la fuerza suficiente puede enfrentarse al agresor actuando de manera agresiva.
  3. Victimización: el menor es agredido antes, durante o después del incidente de manera intencional o accidental.
  4. Participación: el menor es obligado a participar del acto de violencia justificándolo como medida de justicia y que el agredido lo merece.
  5. Ser testigo presencial: El hijo o hija es observador director de todo el acto de violencia.
  6. Observa las consecuencias inmediatas de la agresión: el hijo(a) no es observador directo, pero aprecia los efectos de la violencia como rastros de sangre o heridas de la madre.
  7. Experimenta las consecuencias a mediano o largo plazo: el menor vive la depresión de la madre que padece violencia, la separación de los padres, el cambio de domicilio entre otras consecuencias de la violencia vivida.
  8. Escucha conversaciones o comentarios sobre la agresión contra su madre: al no estar presente en el suceso de violencia escucha los comentarios de familiares o del mismo agredido.
  9. El hijo no posee conocimiento de la agresión: es difícil que se produzca esta situación, pues el agresor tiene patrones que manifiesta en la convivencia al igual que el agredido.

Respecto al mismo punto en Cunningham y Baker (2004) se menciona que los niños y adolescentes tienen diferentes maneras de actuar frente a la violencia de género, tales como:

  • Evadir la realidad mentalmente: el menor busca ocupar su tiempo en juegos, amigos, música o estudios.
  • Buscan un lugar seguro: tratan de irse a la casa de algún pariente o insertarse en la vida militar, evitando regresar a casa.
  • Buscan ayuda: pidiendo el apoyo de familiares, vecinos, profesores o policía.
  • Se enfocan en atender y proteger a sus hermanos menores
  • Evitan el comportamiento violento del maltratador: se sobre exigen en sus funciones y deberes con el objetivo de cumplir los requerimientos del agresor
  • Disociación y desconexión emocional: evitan la escena violenta mediante juegos o distractores tecnológicos.
  • Refugio en la fantasía: inventa historia donde él o ella se presenta como héroe que podrá salvar a la madre.

Para López- Soler (2008) y Patró y Limiñana (2005) sostienen que la situación de violencia de género que viven los niños se manifiesta en una sintomatología internalizante (ansiedad, culpabilidad, baja autoestima y somatizaciones) y externalizante (inquietud, falta de atención, descontrol de impulsos y problemas de conducta) junto a esto se suma problemas cognitivos y de relaciones interpersonales.

En Czalbowski et al. (2015) se resalta que el adolescente tiene mayores probabilidades de frenar los problemas de violencia de género usando violencia, en donde puede convertir la actitud protectora en una actitud agresora, pues en un futuro manifiesta actitudes violentas hacia sus hermanas menores e incluso hacia la madre como una forma de descarga emocional. Se menciona en Ingrid, Majda y Dubravka (2009) que existen altos índices de probabilidad de que el adolescente sufra de cuadros depresivos que pueden llegar al suicidio; otra probabilidad es desarrollar adicción al alcohol o drogas. Algunos desarrollan capacidad resiliente que les permite resistir el impacto traumático.

Entre las principales investigaciones similares a esta se encuentran:

Pérez (2016), en “Exposición infantil a violencia doméstica en una muestra comunitaria en España y consecuencias psicopatológicas asociadas.” donde el objetivo principal, fue conocer la asociación entre exposición infantil a violencia doméstica y el desarrollo de sintomatología internalizante, externalizante y traumática. La muestra fue de 925 sujetos (572 niños en el año 2010 y 353 en el año 2014) con edades comprendidas entre los 11 y 17 años.

Se empleó el instrumento Child Exposure to Domestic Violence Scale, CEDV, el cuestionario Child Behavior Checklist (CBCL). Los resultados mostraron un 17% de exposición infantil a violencia doméstica, porcentaje que aumenta dramáticamente al considerar la exposición a conflicto familiar, que alcanza el 83,4%. En cuanto a la exposición a violencia doméstica apareció estrechamente relacionada con el desarrollo de sintomatología internalizante y externalizante, tal como se reflejó en los análisis correlaciónales. Y, por último, el papel de la implicación en los episodios de violencia, encontrando que el 86,6% de los niños expuestos a violencia familiar se implican de alguna manera en estos episodios. Los resultados evidencian que la violencia familiar está asociada a mayores niveles de psicopatología. Al comparar las muestras de 2010 y 2014 se apreció una disminución significativa en el nivel de exposición a violencia doméstica y un descenso en los niveles de psicopatología. En conclusión, el nivel de exposición infantil a violencia doméstica en una muestra comunitaria es muy elevado y alcanza un nivel del 17%. Ser niña, tener 17 años, un nivel económico bajo y convivir en una familia reconstituida son variables que aumentan la vulnerabilidad de la exposición a la violencia doméstica. Finalmente, se aprecia un descenso de la exposición a violencia doméstica entre 2010 y 2014, lo cual repercute de forma positiva en la psicopatología asociada.

Para Alvarado (2013) en su investigación “Percepción de exposición a violencia familiar en adolescentes de población general: consecuencias para la salud, bajo un enfoque de Resiliencia”, se desarrolla bajo un enfoque salugénico, ecológico y diferencial de género, la salud física y psicológica de adolescentes entre 12 y 18 años y su relación con la percepción de exposición a la “violencia en la pareja” que sufren sus madres. Se analizaron aspectos de la propia adversidad, aspectos individuales (variables del adolescente), contextuales (relación familiar, relación con pares), además de las relaciones de ambos aspectos con respecto al grado de violencia familiar percibida y sus efectos sobre la salud. Participaron 507 adolescentes de tres Institutos de Madrid.

Los resultados indicaron que existe un grupo de adolescentes que percibe una alta exposición a violencia familiar (49.5%), caracterizada por el uso de un mayor número de estrategias disfuncionales por parte del padre (violencia física, verbal y ruptura) comparados con la madre, así como un alto porcentaje de eventos de riesgo individual, socio-familiar y familiar que padecen como riesgos adicionales. En cuanto a la salud, se percibe una alta exposición, en los resultados sobre salud física y psicopatología. Además, aparece un grupo con un perfil de adaptación resiliente, diferenciándose de los perfiles disfuncionales en las variables individuales y de contexto, que actúan como factores protectores.

Método

Tipo de estudio

Es de tipo cualitativo, bajo los enfoques fenomenológico y construccionismo social. De acuerdo con Mahoney (1991) y Gergen y Gergen, (2011) el enfoque fenomenológico ayudó a conocer los significados otorgados a su experiencia y el construccionismo social sus deseos y aspiraciones de vida a partir de la experiencia. Este tipo de estudio según Tojar (2006) reporta los casos de manera comprensiva, sistemática y en profundidad. El diseño facilitó la aproximación a la vivencia subjetiva, resultando coherente y necesario para responder a las interrogantes.

Fuentes de información

Los informantes fueron de un colegio estatal del distrito de independencia. Los adolescentes ellos y ellas fueron seleccionados de manera deliberada e intencional, puesto que según Cardozo (2008) y Quintana y Montgomery (2006) los adolescentes que experimentaron la exposición a la violencia de género en sus familias, deben ser elegidos de acuerdo al cumplimiento de algunos criterios o atributos previamente establecidos. Los informantes fueron ocho adolescentes: cuatro de sexo femenino y cuatro de sexo masculino en edades de 13 a 16 años.

Técnica e instrumentos de recolección de información

Para desarrollar la investigación en un primero momento se aplicaron 55 encuestas para conocer los datos sociodemográficos y detectar los casos, en un segundo momento se realizaron las entrevistas en profundidad de los casos ubicados por la encuesta, con las cuales se conocieron las experiencias de los adolescentes con respecto a la violencia de género vivenciada por sus madres por parte de sus parejas. Por último, los jóvenes elaboraron sus autobiografías, las que aportaron información significativa de los contenidos internos de los adolescentes con respeto a sus deseos y aspiraciones que tenían en el momento de hacerla

Credibilidad y Confiabilidad de la investigación.

Para la credibilidad del estudio se recabó y cotejó la información en diferentes momentos. Se recurrió a la triangulación con distintas fuentes de información.

Categorías de análisis

  • Estudio socio demográfico
  • Entrevista en Profundidad
  • Autobiografía

Resultados

Datos sociodemográficos:

Entre los principales resultados sociodemográficos se encuentran:

Figura 1.Tipos de familia

El 34.5% de hijos de madres maltratadas por su pareja viven en hogares nucleares biparentales, mientras que el 27.3% son miembros de los monoparentales jefaturados por mujeres y un 23.6% forman parte de familias extensas. Por último, el 15% restante son miembros de familias reconstituidas y monoparentales jefaturados por varones. A continuación, se muestran los datos respecto a la exposición a la violencia.

Figura 2 Exposición a la violencia

Se muestra que el 33% respondió haber presenciado la violencia de género hacia su madre por parte de su pareja (padre, compañero sentimental, ex pareja). En la siguiente figura se muestran datos sobre el tipo de violencia de género.

Figura 3.Tipo de violencia

Respecto a los adolescentes que han presenciado la violencia de género contra sus madres por parte de sus parejas, el 39% indicó que el tipo de violencia presenciada fue física, el 33% afirmó la existencia de la violencia psicológica y 28% señaló la violencia física y psicológica.

Datos de las entrevistas

  • El mayor número ha presenciado el maltrato de género desde su niñez, sea oyendo maldiciones, escuchando lenguaje degradante, gritos, suplicas, golpes.
  • Se señalar que la violencia de género contra su madre por parte de su padre, ha afectado sus vidas a mediano y largo plazo, al cambiar de domicilio, pérdida del año escolar, retiro del padre del hogar, pérdida de amigos etc.
  • De los ocho entrevistados, dos del sexo femenino sostuvieron haber intervenido para persuadirlos en el cese de la violencia
  • Los adolescentes viven en permanente tensión e indefensos para prevenir la violencia intra – familiar, antes y después del desenlace de la violencia. La tensión les produce daño, viven sentimientos negativos de manera permanente, nada buena para su salud física, mental y espiritual
  • Son pocos los entrevistados que han buscado ayuda frente a los acontecimientos de violencia en su ambiente inter familiar
  • Las frases más representativas sobre la reacción ante los hechos violentos; fueron de desconcierto, temor e incertidumbre revelada en diversas formas; desorientación espacial, agitación, inmovilización, confusión en el razonamiento, etc.
  • Ante la exposición a la violencia de género en el ambiente intrafamiliar, uno de los entrevistados señalo optar por el aislamiento de la escena yéndose a la casa de su tío a ver televisión.
  • La opinión sobre la violencia de género, la mayoría de los adolescentes entrevistados la señalaron como un antivalor y desvalorización (cobardía, machismo) o problema de salud (enfermedad, desequilibrio mental, baja autoestima)

Datos de la autobiografía

La violencia familiar se encuentra muy presente en sus “Deseos y Aspiraciones”, en ambas categorías está ligado la exposición a la violencia familiar. Los deseos están circunscritos a querer escapar de esta realidad y encontrar la tranquilidad. En las aspiraciones, si bien primaron los estudios profesionales como la principal motivación, los adolescentes nombraron que esta sería el medio no sólo de movilidad social sino de libertad para salir de su situación de conflicto familiar y superar las condiciones de pobreza.

Discusión

La investigación concuerda con los hallazgos de Bonilla (2012), donde se señala que la mayoría de los adolescentes comenzaron a tener ideas sobre lo que esperan y desean en un futuro, aunque la forma para alcanzarlas aún no está clara. Además, su mayor preocupación se centra en salir del lugar en el que se encuentran y buscar una situación familiar estable. En nuestro estudio se muestra que los adolescentes sufren de tensión que les produce daño, viven con sentimientos negativos que afectan su salud física, mental y espiritual.

Por otro lado, de manera similar en Baardes (2014) se muestran los efectos de la violencia de género familiar, en tanto que se concluye que tres de los seis niños cuentan con un desarrollo psicológico que se organiza de forma equilibrada; pero los otros tres presentan una organización en desequilibrio del desarrollo psicológico, lo que representa dificultades para adaptarse al ambiente de manera satisfactoria. En Pérez (2016) se evidencia que el nivel de exposición infantil a violencia doméstica en su muestra es muy elevado y alcanza un nivel del 17%.

De acuerdo con Alvarado (2013) existe una alta exposición de adolescentes expuestos a violencia familiar con un porcentaje de 49.5%, caracterizada por violencia física, verbal y ruptura por parte del padre. Sin embargo, aparece un grupo con un perfil de adaptación resiliente que actúan como factores protectores. En el caso de la presente investigación, este valor ha sido de 33% y además se concluyó que el 28% de ese grupo ha presenciado violencia física y psicológica.

Conclusiones

La exposición de los hijos a la violencia contra sus madres ha afectado sus sentimientos, el significado de paternidad, las relaciones de género y, sus deseos y aspiraciones están asociados a la motivación de su realización y desarrollo.

En términos específicos, en primer lugar, la exposición a la violencia de género fue significativa dado que el 33% la padece en hogares poco estructurados e inseguros.

Por otro lado, las formas predominantes de exposición a la violencia fueron la “exposición presencial” y la “observación con consecuencias inmediatas”, lo que ha generado en los hijos reacciones de desconcierto, angustia, tristeza y culpa. Finalmente, los deseos y aspiraciones de los hijos están asociados a las vivencias por exposición, concentrando sus deseos y aspiraciones en escapar física y mentalmente de esta realidad.

Recomendaciones

Con el desarrollo de la investigación se ha comprendido la realidad de la violencia familiar y se reafirma la necesidad que tanto las políticas públicas, como los proyectos de las diferentes organizaciones que se preocupan por el bienestar del niño y adolescente, tengan el irrenunciable desafío de conocer y gestionar la convivencia y el clima social, reconociendo su exposición hacia la violencia de género, como un tipo de violencia, dado que esta experiencia condiciona no sólo el desarrollo personal y social, sino también la calidad de los procesos y resultados educativos.

Por otro lado, en la actualidad, la sociedad parece haber separado los roles de progenitor y padre de manera que tiene privilegios solo por engendrarlos y no por la capacidad en el ejercicio de su rol; eso debe cambiar a la luz de los casos de violencia por recepción o por exposición. En este sentido, se recomienda la búsqueda del empoderamiento de la mujer como parte de una mejora en la igualdad de género. La violencia contra la mujer es un acto injusto y los cambios no están sujetos a una redistribución, sino más bien a una reestructuración de las relaciones con nuevos patrones igualitarios, modificando las conductas androcentristas.

Por último, ante este fenómeno los niños y adolescentes que experimentan la violencia por exposición conviven con la violencia, ellos y ellas se quedan con sus vivencias; su dolor, tristeza y desesperación en silencio por la inexistencia de espacios y profesionales competentes y suficientes para escuchar, atender en la sanación de las heridas emocionales y sociales y orientar sus aspiraciones para el logro de un proyecto de vida saludable. Por ello, se recomienda ir más allá de los reglamentos, códigos y protocolos para lograr un clima de orden, confianza y respeto. Se debe crear servicios de primeros auxilios psicosociales y un tratamiento directo e integral desde las escuelas.

Hoy por hoy, es imperativo un profundo replanteamiento de las políticas educativas para incorporar la convivencia y la dimensión emocional como prioridades formativas, además de activar un proceso de actualización a los docentes y no docentes que han demostrado vacilación e improvisación, muchas veces por la falta de competencia y apoyo del aparato gubernamental.

Referencias Bibliográficas

Alvarado, E. (2013). Percepción de exposición a violencia familiar en adolescentes de población general: consecuencias para la salud, bajo un enfoque de resiliencia. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Bardes, C. (2014). Niños y Niñas expuestos/as a la violencia Intrafamiliar: Significados otorgados a la violencia Intrafamiliar y Organización del desarrollo Psicológico. Santiago de Chile: Universidad de Chile.

Benavente , M., & Valdés, A. (2014). Políticas públicas para la igualdad de género. Un aporte a la autonomía de las mujeres . Santiago de Chile: Publicaciones CEPAL.

Bonilla, J. (2012). Estructuración de proyectos de vida en adolescentes de 13 a 16 Años que viven en la Casa Hogar Infanto Juvenil de Varones. Guayaquil, Ecuador: Universidad Nacional de Guayaquil.

Cardozo, G. (2008). Habilidades para la vida. Una propuesta educativa en promoción de la salud. Córdoba, Argentina: Universidad Nacional de Córdoba.

Cunningham , A., & Baker , L. (2004). What about me! Seeking to understand the child view of violence family . Londres, Reino Unido: Centre for Children & Families in the Justice System.

Czalbowski, Aguilar, Atenciano, Escudero, Ezpeleta, & Jiménez. (2015). Detrás de la Pared: Una mirada multidisciplinar acerca de los niños, niñas y adolescentes expuestos a la violencia de género.

Gergen, K., & Gergen, M. (2011). Reflexiones sobre la construcción social. México: Paidós.

Holden, B. (2003). Menores expuestos a violencia contra la pareja: Notas para una práctica clínica basada en la evidencia. Clínica y Salud, 261-271.

Ingrid, B., Majda, R., & Dubravka, M. (2009). Life goals and well-being: are extrinsic aspirations always detrimental to well-being? Psychological Topics 18 (2), 317-334.

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Mg. Orfelinda García
Magíster en Psicología de Familia, Doctoranda de Psicología Social, Diplomada en Programación Neurolingüística (PNL), especialización en Violencia familiar y Licenciada en Servicio social, docente universitaria, con experiencia en las áreas de; investigación social, Orientación y Consejería familiar, programas y proyectos sociales. Con entrenamiento en técnicas de Relaciones Humanas, Conciliación y PNL. Actualmente es docente asociada de la Universidad Nacional Federico Villarreal y consultora de empresas privadas.

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