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Perú

Introducción

Entre pasillos, por muchos años, hemos dialogamos con las colegas sobre las dificultades profesionales que enfrentamos: los limitados espacios laborales, las bajas remuneraciones, las insuficiencias de la formación profesional, entre otros aspectos complejos que interpelan el día a día, de los trabadores sociales, en medio de una sociedad que se transforma rápidamente, y de un contexto global que aparece en gran medida adverso a la agenda de las humanidades.

En todo el mundo, diversas iniciativas académicas, empresariales y públicas vienen revisando el quehacer profesional de diversas disciplinas y la formación de competencias en dialogo con las mega tendencias políticas, sociales, económicas y ambientales, en la idea de alinear prioritariamente la educación al empleo de calidad, ya que se asume este vínculo como fuente de progreso social y económico.

En el espacio europeo, en los años 2004 al 2007, en el marco de lo propuesto por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), se realizó un esfuerzo de investigación que sirvió de base para la elaboración del Título de Grado de Trabajador/a Social, recogiendo aportes de diversas Escuelas y Colegios de TS de 27 países de la UE

Los resultados, encontraron que la inserción laboral de TS es media-alta, aunque se deben mejorar los índices de calidad: tipo de contrato, temporalidad, titulación requerida, etc., y que la aparente sobre cualificación en el trabajo a la que algunos aluden responde a una estrategia empresarial para reducir costos de personal. Se constató que los trabajadores sociales desempeñan funciones propias, lo cual indica que las empresas e instituciones los necesitan y que sus ámbitos de proyección tienen identidad específica. Destacó la diversidad del perfil profesional y la consiguiente polivalencia del trabajo social como un aspecto positivo que facilita su ocupación y apertura a nuevos ámbitos en los que se requieren encargos que les son correspondientes. Se constató una clara consolidación de esta figura profesional en los diferentes sistemas de protección social, en el sistema específico de servicios sociales y en nuevos campos, lo que suministra importantes fuentes de empleo para estos titulados. (Vásquez 2005, 204). El estudio permitió identificar las competencias del profesional TS como parte de equipos multidisciplinares en diversos ámbitos de intervención, que se encuentran propuestos en el “Libro Blanco”

En el contexto latinoamericano, en los últimos diez años, se han realizado algunos esfuerzos de investigación que ponen el acento en la revisión del perfil profesional y en los ámbitos de competencia. Castañeda y Salame (2003) en su texto sobre competencias profesionales del trabajador social: Tradición y Transformación, al inicio del siglo XXI, analizan la formación del trabajo social desde la perspectiva de las competencias profesionales y las competencias demandadas desde un mundo en permanente transformación. Las autoras pese a reconocer que las competencias profesionales encuentran su génesis en la herencia de las generaciones profesionales precedentes, que contribuyeron a construir una tradición especializada; constatan la necesidad de incorporar al repertorio profesional una transformación permanente vinculada a la globalización (pp 126).

Alayon desde Argentina, problematiza acerca del rol central del trabajo social actual, advirtiendo que, cuando el TS se plantea como su principal contribución la promoción y la educación social para la mejora del bienestar de la población, se enfrenta a un conflicto de envergadura, porque tales metas, humanísticamente válidas, ya no constituyen la prioridad para el régimen económico actual. Señala que esta colisión, mina peligrosamente, hasta en la propia vocación original de los jóvenes TS, y critica a las corrientes tradicionales de la profesión que se proponen un Trabajo Social neutro, ingenuo o cómplice de las estructuras de dominación e injusticia. Asevera que la profesión se pone al margen de la conciencia de sus agentes, y está operando solo para “atenuar los males sociales”, en su superficialidad más evidente. Es contundente en señalar que para asumir este rol neutro no se necesita una formación profesional rigurosa. Solo cuando los trabajadores sociales comprendan que las problemáticas sobre las que actúan tienen un origen social y no individual (o familiar), cambiara el eje de las preocupaciones y aspiraciones profesionales y será posible decidir otras perspectivas posibles para el quehacer profesional. (Alayón, 2015).

En esta misma línea y desde el contexto chileno, Quintero (2018) acercándose a las nuevas oportunidades que ofrece el contexto de desarrollo territorial en los países latinoamericanos, explora las competencias Profesionales del Trabajador Social para la Gestión Territorial, ámbito donde diversas disciplinas como la arquitectura o la geografía han ejercido cierto monopolio disciplinar amparado en prácticas históricas e institucionales de larga data (pp11). El encuentra un conjunto de asignaturas tradicionales y emergentes que potencialmente pueden contribuir a fortalecer la participación de este profesional de las ciencias sociales en los nuevos desafíos de la gobernanza y la gestión territorial.

Desde CELATS, la formación profesional y continua se asume como una pieza clave, si no la más relevante, para enfrentar los nuevos retos sociales, en la idea que la mejora de capacidades de los TS no sólo les permitirá incrementar su productividad y mejorar sus competencias laborales, sino que también aumentará su libertad de elección ocupacional y satisfacción social, aunado de mejores soluciones para el desarrollo. Por ello ante la necesidad de impulsar el desarrollo profesional continuo y ante el reconocimiento de que no se han realizado investigaciones que exploren el estado situación de la profesión en el campo laboral, y las capacidades profesionales de las TS, en los últimos veinte años, salvo algunos estudios de mercado laboral realizados por algunas universidades; en el mes de noviembre del 2017, la Comisión de Formación Profesional de CELATS, decidió, impulsar un proceso de investigación aplicada para conocer las capacidades profesionales existentes y la identificación de brechas de capacidad auto-percibidas por las TS, con la finalidad de que esta información constituya el punto de partida para el diseño de sus programas de formación continua y capacitación profesional.

Las preguntas que respondió el estudio fueron las siguientes:

  • ¿Cuáles son aquellas competencias profesionales que deben ser potenciadas en el TS del siglo XXI?
  • ¿En qué ámbitos laborales se desempeñan las trabajadoras sociales y que funciones realiza?
  • ¿Cuáles son las principales capacidades que disponen las TS en ejercicio, para asumir esas competencias?
  • ¿Cuáles son las brechas de capacidad profesional que deben ser fortalecidas?

Desarrollo profesional, y formación profesional

El desarrollo profesional del trabajador social lo entendemos como el proceso por el cual los y las trabajadoras sociales ejercen su función profesional, y protagonizan actuaciones orientadas al progreso y mejora continua de su posicionamiento en el ámbito laboral.

Mejorar la actuación profesional del trabajo social implica una evaluación continua del quehacer profesional ajustado a las nuevas necesidades que se demandan socialmente y a los cambios del contexto global, que operan a nivel de pensamiento, de afectos y de comportamientos, de manera integrada. Esto significa que un trabajador social que se desarrolla profesionalmente, avanza en su ser, su saber y su saber hacer, logrando cada vez desempeños más efectivos para la sociedad.

La Formación Profesional es un proceso continuo que integra diversas modalidades de aprendizaje sistematizado que tienen como objetivo la formación disciplinaria orientada hacia un ámbito socio-laboral. Involucra un nivel de calificación académica universitaria, pero también la suma de experiencia laboral y especialización continua de los profesionales. En este proceso intervienen instituciones diversas, públicas y/o privadas, que especializan su oferta formativa en modalidades de formación integral, integradora y permanente.

La Formación Profesional está compuesta por procesos de enseñanza-aprendizaje de carácter continuo y permanente integrados por acciones técnico-pedagógicas destinadas a proporcionar a las personas oportunidades de crecimiento personal, laboral y comunitario brindándoles educación y capacitación socio-laboral (OEI 2001).

La Formación Profesional en pleno siglo XXI según la OEI, debe regirse por criterios de pertinencia para responder a demandas sociales actuales y potenciales de áreas ocupacionales definidas en términos de familias profesionales; dinamismo para lograr actualización permanente por la dinámica de cambio tecnológico y organizacional que enfrenta hoy el mundo del trabajo; participación: que asegure un diseño, implementación y evaluación eficiente de la formación con la activa intervención de todos los actores involucrados (empresarios, sindicatos, organizaciones comunitarias, Estado nacional, provincial y municipal); y adaptación: capacidad para resolver la complejidad educativa, que obliga a afrontar los problemas específicos de Formación Profesional de poblaciones con necesidades formativas heterogéneas (jóvenes, adultos, mujeres, trabajadores en proceso de reconversión o de profesionalización) y a demandas productivas diversas

Competencias y desempeños profesionales

El análisis de las capacidades profesionales del TS en el estudio son abordadas desde el enfoque de competencias laborales, que ha influido significativamente en el uso de metodologías de planificación y evaluación de la formación de capacidades.

La competencia es definida como: la “ejecución exitosa” de una función, proceso o actividad. Una trabajadora social es “competente o muestra competencia” en la realización de una función o tarea, si esta es realizada de manera eficiente y eficaz.

La competencia es un constructo teórico que se evidencia como un desempeño concreto y observable que se pone de manifiesto cuando se ejecuta una tarea o se realiza un trabajo.

Desde la perspectiva educativa y de los aprendizajes, la competencia de la trabajadora social la definimos como una estructura psicológica compleja que supone la conjunción y articulación de varios componentes o tipos de capacidad: saber, saber hacer, ser, que solo se logra si se quiere hacer (motivación) y se puede hacer (condiciones para ejercer las capacidades).

En el diagnostico se aborda tres tipos de capacidad que aparecen integradas como parte de ocho competencias priorizadas: Las capacidades cognitivas, relacionadas a los saberes necesarios para ejercer la competencia, las capacidades procedimentales, también llamadas habilidades, que están referidas al saber hacer o saber aplicar los saberes fundamentales, las capacidades actitudinales que se sustentan en valores y principios de cada persona, y que contribuyen a su desempeño (saber estar).

Las competencias como orientadoras del curriculum determinan capacidades a adquirir principalmente en tres ámbitos ya citados: conocimiento (dominar y diferenciar conceptos, teorías, modelos y métodos), ejecución (saber ejecutar en la práctica un tratamiento, saber desarrollar un plan, saber presentar un informe) y actitud (tener una actitud ética, dominar habilidades sociales, etc.) (Cabero, 2005).

El estudio partió del supuesto que, el desempeño que logran los trabajadores sociales y su posicionamiento profesional, está condicionado al menos por dos variables centrales: las propias capacidades profesionales (conocimientos y habilidades) demostrables del TS que se desarrollan desde las escuelas de formación, y las oportunidades laborales que se ofrecen socialmente, y que en gran medida se encuentran condicionadas por la lógica del mercado que gobierna la sociedad, y en menor medida por el Estado.

Figura 1. Competencias Priorizadas Fuente: diseño de investigación CELATS 2018

Las competencias que orientaron la investigación

El estudio realizo el análisis de los perfiles de egreso de Escuelas de Trabajo Social de seis países latinoamericanos: Ecuador, Colombia, Perú, México, Costa Rica, y Chile, además de España. Esta revisión permitió mapear un conjunto de competencias, encontrando similitudes y diferencias, que fueron sistematizadas en 11 áreas de competencia más o menos comunes a los programas de estudio. En base a esta información, la Comisión de desarrollo profesional de Celats, mirando el contexto peruano y la prevalencia funcional del quehacer de las TS, priorizo ocho áreas de competencia que se convirtieron en áreas orientadoras del proceso de consulta sobre capacidades profesionales. Cabe señalar que las ocho áreas priorizadas, recuperan campos reconocidos del quehacer profesional en el cual se ejercen funciones desde hace muchas décadas.

Metodología aplicada

El estudio se definió como una investigación social aplicada, cuyo objeto de análisis (las capacidades de las trabajadoras sociales) es esencialmente cualitativo. Sin embargo, se ha utilizado una metodología mixta, para poder convertir las percepciones de las trabajadoras sociales a una escala que estadísticamente pueda aportar una estimación de “brechas” de capacidad. El tipo de diseño utilizado es el diagnóstico, diseño exploratorio y descriptivo capaz de aportar una mirada amplia del estado situación, y útil para prescribir recomendaciones para la formación profesional.

El estudio distinguió una dimensión cuantitativa que se abordó mediante la aplicación de una encuesta online abierta a las trabajadoras sociales, que alcanzo 241 respuestas validas, de las cuales en 71% eran de trabajadoras sociales de Lima y solo 29% de diversas regiones del país. Esta encuesta abordo las siguientes variables.

La dimensión cualitativa, recogió cuatro variables: competencias claves para el futuro profesional, perfil profesional que orienta a las escuelas profesionales, fortalezas y debilidades de la formación profesional actual, conocimiento existente sobre capacidades profesionales. Esta parte del estudio se realizó a través de 15 entrevistas a profundidad que fueron respondidas por dirigentes gremiales y directores y representantes de Escuelas profesionales. Esta fase complementaria del estudio no ha sido incluida en este artículo por razones.

Resultados del estudio

Figura 2. Trabajadores sociales participantes de la encuesta, según edad

Fuente: encuesta online

La encuesta online fue respondida por 241 TS, de los cuales solo el 6.5% son varones. en cuanto a la edad como aparece detallado en el grafico N° 1, el grupo profesional interesado en participar de esta encuesta tiene un sesgo generacional. El 51.5% pertenecen a grupos de edad (menores de 50 años) con mayor potencial transformador de la disciplina, ya que forman parte de la actividad laboral que mayormente demanda el mercado. Hay un importante grupo de TS entre 51 y 60 años (33%) que se mantiene en actividad, algunas desde la labor docente, y finalmente casi un 15% mayores de 61 años.

En cuanto al ámbito laboral en que se desenvuelven las trabajadoras sociales, se constata que al menos un 65% se mantienen laborando en ámbitos tradicionales del TS (salud y oficinas de bienestar del sector privado), hay una cifra del 10 a 15 % que se ubica en servicios y programas sociales estatales. Aunque la cifra es mínima, se han identificado como nuevos ámbitos laborales para la acción profesional: la gestión de riesgos de desastre, los programas sociales territoriales, el trabajo con minorías sexuales, y el trabajo independiente en consultoría social

Casi un 30% de TS se ubica en oficinas del sector empresarial (bienestar y responsabilidad social), un 38% en oficinas de BS y servicios del sector públicos, un 10% en el sector de cooperación, 10% en universidades, además de TS independientes. Si bien todos los campos del quehacer social tienen particularidades en su intervención, la data sugiere un importante número de profesionales en ámbitos públicos para lo cual la comprensión de los temas de política pública y los cambiantes marcos normativos del proceso peruano es fundamental

Se ha podido conocer que casi las tres cuartas partes de las TS consultadas, laboran en una posición laboral dependiente, bajo características de trabajo decente, es decir cuenta con un contrato de permanencia que le otorga beneficios sociales. Sin embargo, su posición en la estructura jerárquica institucional, indica que solo el 4 % se ubican en posiciones de Gerencia o Dirección (también sub-direcciones), 18% de colegas se ubican en puestos de jefatura y coordinación, el 5% son valoradas como especialistas; pero el 52% son profesionales de línea, analistas y asistentes. Un grupo minoritario cumplen roles de docencia y consultoría

Figura 3. TS que realizan función de Provisión social


Fuente: encuesta online

Las funciones que predominantemente siguen cumpliendo las trabajadoras sociales peruanas están asociadas a la organización y movilización de recursos (75%), coordinación y articulación de intervenciones (74%), la atención de casos sociales (63%), actividades preventivas (71%), acción terapeuta (59%); en menor medida la provisión de recursos (32%).

Gran parte de las TS también se desarrollan funciones de diseño de acciones educativas (48%), coordinaciones para realizar eventos (51%).

En cambio, muy pocas TS vienen asumiendo funciones de investigación social (25%) y gerencia social, tales como la formulación de propuestas de política (18%) y la incidencia publica (21%).

Figura 4. TS que realizan función de Gerencia Social

Además de las áreas funcionales priorizadas por CELATS para esta consulta, la encuesta abrió la posibilidad de expresar “otras funciones que realizan”, encontrando una lista bastante larga de actividades y tareas que cumplen las TS y en las que predominan las tareas administrativas (27%) y la organización de eventos festivos.

La aproximación al conocimiento de las capacidades profesionales se realizó por autopercepción de tres dimensiones relevantes: a) los conocimientos que maneja la TS para asumir sus funciones profesionales; b) la percepción de dificultad para ejecutar funciones y tareas; c) las competencias que considera que deben fortalecerse

Los resultados sobre los conocimientos disponibles para asumir las ocho funciones consultadas, mostraron un nivel promedio insuficiente en más del 50% de profesionales: Este dato general exhibe mayores brechas de insuficiencia en cinco áreas funcionales: Sistematización (57%), Articulación inter organizacional (55%), gestión de programas sociales (58%), educación Social (58%) y formulación de políticas públicas (53%)

En la función de educación social que aparece como un área débil, existe el agravante de que las Escuelas profesionales consultadas en su mayoría no están incluyendo la Educación Social como parte del perfil profesional, por tanto, hay pocos cursos que se dictan en materia educativa.

En la autoevaluación de habilidades, lograda a partir de la percepción de dificultades que tienen las profesionales para cumplir con tareas de una determinada área funcional, se ha encontrado que la brecha de capacidades es mucho mayor. Un 60% de TS enfrentan dificultades para cumplir con funciones fundamentales. El área donde más TS enfrenta algún nivel de dificultad es la formulación de políticas sociales (71%), seguida por la Gestión de Programas Sociales y la Promoción de derechos humanos (69%), Sistematización (67%) y Planificación principalmente estratégica (66%)

Se ha encontrado un nivel de asociación entre el nivel de capacidades desarrolladas por las TS y el grado académico alcanzado. Así la brecha de conocimientos es menor en las profesionales que obtuvieron el título de magister, y menor en doctorado. La brecha es mayor en las profesionales que solo realizaron estudios de magister y no los culminaron, y se acentúa en las colegas que solo muestran nivel pregrado. Esta relación que parece obvia, es fundamental para comprender la importancia de la formación continua en tiempos actuales.

Figura 5. Conocimientos sobre Sistematización según procedencia universitaria

De igual manera se evidencia asociación directa entre los niveles de capacidad para la investigación, sistematización, planificación y gestión de programas sociales, con la universidad de procedencia (formación de pregrado) Así, se ha identificado un mejor nivel de conocimientos en las profesionales formadas en una

universidad particular de Lima, que ya no cuenta con Escuela de TS y ha dejado de formar profesionales en esta disciplina; y un mayor nivel de debilidad en profesionales que provienen de otras universidades de Lima (dos universidades públicas y una universidad privada). En la curva media se encuentran otras universidades de regiones del país. Los resultados no indican relación alguna entre nivel de capacidades auto percibidos y edad de las TS.

La explicación que subyace a estas débiles capacidades mostradas por la Encuesta se concentra en tres tipos de barreras o dificultades percibidas por las TS como impedimentos para fortalecer competencias: limitaciones propias del espacio laboral, inadecuada formación profesional y ausencia de capacitación, y limitaciones personales, en donde juega el propio interés personal y las limitaciones económicas.

Finalmente, consolidación de las autovaloraciones emitidas por cada TS, respecto de los conocimientos que maneja y las dificultades que percibe para realizar funciones y tareas nos presenta un panorama de alta debilidad expresada por las colegas TS para asumir las ocho áreas de competencia priorizadas.

Como lo traduce el grafico siguiente sobre conocimientos por área funcional, es alto el porcentaje de TS que creen poseer un conocimiento insuficiente para asumir de manera competente las competencias consultadas

Figura 6. Brechas de Conocimientos según área de competencia

Sin embargo, es mayor aun la dificultad auto percibida para “Hacer” o realizar las tareas comprendidas en dicha área competencial. Aparecen en rojo el porcentaje de TS que muestran alguna dificultad percibida para ejercer competencias en estas áreas funcionales

Figura 7. Brechas de Habilidad: dificultades para ejercer tareas

Aunque no hemos desarrollado en este articulo la información cualitativa recuperada de las entrevistas a dirigentes gremiales y escuelas profesionales, debemos señalar que la triangulación efectuada, con esta información, corrobora desde otro ángulo, la data aquí expuesta, confirmando que existe una importante brecha de formación teórica y práctica en los TS, para ejercer con suficiencia estas ocho competencias priorizadas, y que no salen del marco regular de lo que ha sido tradicionalmente la acción profesional y la formación de las Escuelas ha desarrollado desde el siglo pasado.

Conclusión

El estudio nos aproxima al conocimiento sobre lo que está haciendo el TS en pleno siglo XXI y que herramientas (cognitivas y tecnológicas) dispone para su desempeño. En tal sentido constatamos que la mayor parte de TS consultadas (65% aprox.) se desempeñan en espacios laborales no solo tradicionales, sino que, como ellas observan, limitan al mínimo sus funciones y sus posibilidades de desarrollo profesional, lo cual nos alcanza una alerta sobre el mercado que oferta el mayor número de plazas para trabajadores sociales actualmente. Un sector importante de TS (16%) se encuentran gestionando programas públicos sociales en ministerios u órganos gubernamentales, espacio que muestra potencial para avanzar en procesos de gerencia de políticas sociales. Alrededor del 15% de profesionales, se ubican en otros tres roles estratégicos como son la docencia, la consultoría privada, y la intervención en nuevos campos temáticos interdisciplinarios, que es necesario profundizar en su reconocimiento, sistematizar y difundir en aras de aperturar nuevos espacios profesionales.

Las brechas identificadas en base a la autovaloración realizada por cada TS en este estudio, y consolidadas en los resultados presentados, revelan evidentes necesidades de fortalecimiento de capacidades casi en todas las áreas de competencias funcionales consultadas, destacando con prioridad las funciones y tareas vinculadas a la formulación y gestión de políticas y programas sociales, la promoción de derechos humanos y la Sistematización. Estas competencias son generales y aplicables a todos los ámbitos del quehacer profesional y no constituyen áreas nuevas para el trabajo social; lo cual revela desde ya, una cierta desactualización profesional en el manejo de conocimientos y tecnologías que actualmente son de obligatoria aplicación, por equipos interdisciplinares. Celats asume el reto de explorar los nuevos campos de actuación profesional, en la idea de renovar o innovar en el quehacer profesional.

Discusión

Si el desarrollo profesional se alcanza logrando mayores y mejores competencias profesionales, pero a la vez generando condiciones laborales que potencien y reten constantemente el desempeño profesional de las colegas; la acción de Escuelas y gremios profesionales deberá trabajar en ambos frentes

En el desarrollo de capacidades, estamos avanzando en reconocer las brechas de capacidad en lo que hacemos; pero hace falta completar un análisis sobre competencias genéricas y transversales, muy importantes en el mercado laboral actual, y sobre competencias profesionales para un desempeño exitoso en espacios y funciones no tradicionales e inter disciplinarias.

Desde la otra orilla es necesario discutir con las Escuelas profesionales, hacia donde estamos orientando la formación profesional, y si estamos trabajando para reproducir la misma oferta laboral, que sabemos que no ofrece condiciones de desarrollo profesional; o si estamos tomando medidas para promover y aperturar nuevos espacios laborales. ¿Qué capacidades de gestión institucional ofrecen las universidades para avanzar en este reto, a nivel de docentes, currículos, centros de práctica, entre otros? Mientras tanto la formación continua e interdisciplinaria puede ser una opción inmediata de mejora para el colectivo profesional.

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